La historia del concepto filosófico de sujeto

Un apasionante viaje a través de las reflexiones realizadas por algunos filósofos medievales, modernos y contemporáneos con quienes conversaremos preguntándoles y preguntándonos "¡¿Qué significa para mí ser un sujeto?!"

miércoles, octubre 25, 2006

San Agustín (334- 430)

Confesiones (libro X, Cap.2, 3 y 27)

Capítulo 2 Que a Dios todos nuestros secretos son manifiestos


2. Pero, estando tan patente a vuestros ojos el abismo de la conciencia del hombre, ¿que cosa puede haber, Señor, oculta en mi por mas que yo la quisiese encubrir y no me confesar a vos?, pues en tal caso no me escondiera yo de vos, sino a vos escondería de mi. Mas ahora que mi gemido y mi llanto es testigo del descontento que yo tengo de mí mismo, vos resplandecéis y me agradáis y sois de mí amado y deseado para que yo tenga vergüenza de mí mismo y, dejándome a mí, escoja a vos y no me agrade a mí ni a vos, sino por vos.


De manera, Señor, que tal cual soy a vos soy manifiesto, y ya he dicho con que fruto me confieso a vos:porque no hago esto con la lengua de carne y con palabras y voces muertas, sino con las palabras de mí alma y con un clamor fuerte de mi corazón, que penetra vuestros oídos. Porque, cuando soy malo, no es otra cosa confesarme a vos sino desagradarme de mí mismo y, cuando soy bueno, no es otra cosa que confesarme a vos sino no atribuirme a mí esta bondad: porque vos, Señor, que bendecís al justo antes que lo sea, Ie justificáis y de impío Ie hacéis justo. Y así, Dios mío, mi confesión delante de vos había y calla: calla con el sonido de fuera, y había con el afecto de dentro; porque no puedo yo decir a los hombres cosa buena que vos primero no la hayáis oído de mí, ni aun vos oírla de mí si yo primero no la hubiera oído de vos.

Capítulo 3 Para qué aprovecha la confesión de los pecados


3. Pues ¿qué tengo yo que ver con los hombres, o qué provecho me puede venir a mí que ellos oigan mis confesiones, pues no pueden sanar todas mis dolencias? Curioso por cierto es el linaje de los hombres en querer saber las vidas ajenas y perezoso en enmendar las suyas. ¿Para que quieren oír de mí quién soy los que no quieren oír de vos, Señor, lo que ellos son?, y cuando me oyen hablar de mí ¿cómo saben que digo verdad?, pues no hay hombre, sino el espíritu del mismo hombre, que sabe lo que hay en sí; pero si os oyeren hablar a vos de sí mismos no podrán decir que miente el Señor, porque ¿qué otra cosa es oír de vos lo que ellos son, sino conocerse? ¿quién hay que se conozca y diga "falso es" sino mintiendo?


Mas, porque la caridad todo lo cree entre los que allí tiene unidos y trabados como si fuese un corazón, yo también, Señor, de tal manera me confesare a vos que los hombres me oigan: ya que no les puedo probar que digo verdad, a lo menos me crean aquellos a quien la caridad abre los oídos.


4. Pero querría mucho saber, Señor Dios mío y íntimo médico mío, ¿qué fruto puedo yo sacar destas mis confesiones? Cierto, Señor, que las confesiones de mis pecados pasados (los cuales me perdonasteis por hacerme bienaventurado, y cubristeis con el velo de vuestra misericordia), cuando se leen o se oyen, despiertan el corazón para que oprimido del sueño de la desesperación no diga "no puedo", antes se despierte y vele en el amor de vuestra misericordia y en la dulcedumbre de vuestra gracia, por la cual cualquiera hombre enfermo que conoce su enfermedad y flaqueza cobra fuerzas y vigor y se hace robusto. Y los buenos se deleitan de oír los males pasados de los que ya carecen de ellos, y no se deleitan porque son males sino porque lo fueron y ya no lo son.

miércoles, octubre 18, 2006

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